DAVID MANUEL MARTÍNEZ PÉREZ
Psicoterapeuta Clínico
Certificado en Hellinger Sciencia ®
¡NO MIRES HACIA ATRÁS!
“PERCIBIENDO EL OTRO LADO DE LA REALIDAD”
Génesis 19.26 Entonces la mujer de Lot miró atrás,
a espaldas de él y se volvió estatua de sal.
Si miras hacia atrás te convertirás en una estatua de sal.
Tengo prohibido mirar hacia atrás, no por olvido, sino por respeto a quien estoy siendo ahora.
Mi pasado no me necesita.
Ya tuvo su tiempo, sus decisiones, sus errores y sus aprendizajes.
Ahí quedaron las versiones mías que hicieron lo que pudieron
con lo que sabían y con lo que tenían.
Volver sería exigirles respuestas que solo el presente puede dar.
El pasado no cambia, pero a veces intenta retenernos
con culpas, nostalgias o arrepentimientos.
Y quedarse mirando atrás es caminar hacia adelante con los ojos cerrados.
No es valentía, es estancamiento.
Mi presente sí me necesita.
Me necesita despierto, consciente, dispuesto a elegir distinto.
Aquí se toman las decisiones reales, las que sanan, las que construyen, las que rompen ciclos que antes parecían eternos.
Y mi futuro también me espera.
No como una promesa perfecta, sino como una posibilidad abierta.
Un espacio que se va llenando con cada paso que doy hoy, con cada límite que pongo, con cada miedo que enfrento.
No reniego de lo vivido.
Lo agradezco, lo honro, lo observo, pero no vuelvo.
Porque no nací para quedarme en lo que fui, sino para avanzar hacia lo que todavía puedo ser.
"Subí al Everest y cuando llegué a la cima, mire al cielo
y me di cuenta que el cielo todavía estaba tan lejos como siempre".
Aunque logres lo que logres no te sientas superior a nada ni a nadie, mira hacia arriba y verás que siempre el cielo estará muy lejos de ti y de todos.
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AYUDA DE INTROMISIÓN
"Nunca interfieras en el sufrimiento de los demás, o terminarás atropellado por las consecuencias de tu intromisión y sobre todo si no te lo pidieron porque esto no es ayuda es intromisión y el otro terminará muy enojado contigo.
El hombre debe cansarse de sí mismo y beber la copa de veneno que le corresponde".
Si intentas sacar a alguien de su sufrimiento, antes de que lo viva e interiorice totalmente, antes de que beba la copa de veneno que le corresponde, no lograrás ayudarlo en absoluto.
Cada uno debe enfrentar sus propias luchas internas.
En el proceso de crecimiento espiritual, necesitamos cansarnos de nosotros mismos, incluso hasta el punto de odiarnos.
Este proceso es necesario porque nos ayuda a entender que el mal proviene de nuestro interior.
Ese es un punto de inflexión crítico, un momento en el que nos enfrentamos a la pregunta:
“¿Cómo puedo cambiarme a mí mismo?”
Esta pregunta es la base para tomar decisiones correctas sobre nuestra vida.
La vida está estructurada para llevarnos a un estado de auto desilusión.
En cuanto a la idea de que se nos “dio” una copa de veneno, la veo como la medida precisa de sufrimiento, diseñada específicamente para cada uno.
En un lado de la balanza está la copa de veneno, en el otro, una gota de sabiduría.
Necesitamos beber esta copa de veneno sin negarnos y aceptar nuestra porción y dosis únicas.
A cada uno se nos da nuestra copa específica para beber.
Se trata de entender que, las pruebas de la vida son el camino hacia la eternidad y la perfección.
En otras palabras, ante nosotros, está una copa de veneno, más allá, una vida hermosa, armónica y pacífica.
El camino siempre pasa por la copa de veneno.
Al enfrentarnos a ese veneno y beberlo, podemos lograr el equilibrio y la bondad que buscamos.
En consecuencia, el camino al cielo pasa por el infierno.
"Cuando te toque caminar por el infierno,
compórtate como el mismo Diablo"
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EL MITO DE NÉMESIS
Némesis era la diosa que vigilaba el equilibrio del mundo.
No castigaba el error ni la debilidad, sino la desmesura: la soberbia de quien se creía por encima del límite.
Cuando un mortal —o incluso un dios— caía en hýbris,
que se refiere al exceso de orgullo o arrogancia que lleva a los mortales a desafiar a los dioses, era visto como un pecado capital que solía ser castigada por Némesis, la diosa de la venganza, así Némesis aparecía para devolver el orden perdido.
No lo hacía con furia, sino con exactitud.
Su justicia no era rápida, pero era inevitable.
Uno de los mitos más conocidos la une a Narciso.
Al ver su desprecio por los demás y su amor desmedido por sí mismo, Némesis lo conduce al destino que lo consume:
quedar atrapado en su propio reflejo,
amar solo aquello que no puede poseer.
Los griegos no la veneraban con devoción,
la respetaban con temor.
Sabían que nadie escapa al equilibrio,
y que toda grandeza sin medida
lleva escondida su caída.
Por eso Némesis no representa venganza, sino una verdad incómoda:
Todo exceso termina pidiendo corrección.
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LA ENVIDIA
La envidia más peligrosa no viene de extraños.
Viene de quien te dice: “Estoy orgulloso de ti”.
Y sonríe.
Pero no con los ojos.
No grita.
No confronta.
No compite abiertamente.
Observa.
Todo empieza así.
Compartes una victoria.
Algo que te costó.
Algo que te hizo crecer.
Y la reacción, la felicitación… ¡no llega!
Silencio raro.
Cambio de tema.
Un “bien por ti” sin energía.
Ahí está la micro-señal, pero pesa mucho tu crecimiento, tu evolución, tu éxito.
Después vienen las bromas.
“Que suerte tuviste”.
“A ver cuánto te dura”.
“Ahora que eres famoso…” Ríen.
Pero no es humor.
Es comparación disfrazada.
La mente envidiosa no odia tu logro.
Odia el espejo que representas.
Porque tu avance les recuerda su estancamiento.
Y eso duele.
Fíjate en esto.
Quien se alegra de verdad no compite contigo.
Pregunta.
Celebra.
Impulsa.
La envidia es silenciosa, destructiva y aplaude despacio
mientras calcula distancia.
Y aquí está lo peligroso.
No te atacará de frente.
Esperará.
Un error.
Un tropiezo.
Un momento débil.
Y ahí…sí hablará.
Cuando aprendes a verla, algo cambia.
Dejas de contar todos tus planes.
Dejas de anunciar cada movimiento.
Dejas de justificar tu crecimiento.
No por miedo.
Por estrategia.
Esto no es paranoia.
Es supervivencia social.
No todos los que caminan contigo
quieren verte llegar primero.
Algunos sólo quieren asegurarse
de que no los superes demasiado.
Aprende a notar quién celebra con sinceridad.
Y quién sólo tolera tu brillo.
Porque el aplauso más frío
suele venir de la silla más cercana.
¿Qué es peor que la envidia?
¡PROVOCARLA!
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Psicoterapia Práctica
Manuel David Martínez
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