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VIVIENDO CON SENTIDO | ARRANCAMOS 2026 - Hay momentos en los que la vida te exige moverte… aún cuando por dentro estás hecho pedazos. Y es ahí -justo ahí- donde descubres de qué estás hecho...

Hay momentos en los que la vida te exige moverte… aun cuando por dentro estás hecho pedazos. Y es ahí -justo ahí- donde descubres de qué estás hecho. Porque no se trata de tener fuerza todos los días...

VIVIENDO CON SENTIDO | ARRANCAMOS 2026 - Hay momentos en los que la vida te exige moverte… aún cuando por dentro estás hecho pedazos. Y es ahí -justo ahí- donde descubres de qué estás hecho...

DAVID MANUEL MARTÍNEZ PÉREZ
Psicoterapeuta Clínico

Certificado en Hellinger Sciencia ®

ARRANCAMOS 2026

“PERCIBIENDO EL OTRO LADO DE LA REALIDAD”

Hay momentos en los que la vida te exige moverte…

aun cuando por dentro estás hecho pedazos.

Y es ahí -justo ahí- donde descubres de qué estás hecho.

Porque no se trata de tener fuerza todos los días, se trata de volver a tomar la espada incluso cuando el viento parece querer arrancártela de las manos.

Este año no será para los que esperan a “sentirse listos”.

Será para los que avanzan con miedo, para los que entrenan su carácter en silencio, para los que convierten cada golpe interno en más precisión, más enfoque y más intención.

Recuerda esto: no es el mundo el que debe calmarse…

eres tú quien debe aprender a moverse dentro de la tormenta.

Y lo harás. Porque ya empezaste.


Esto no es una reflexión…

Es un texto que se escribe desde el cansancio.

Porque hay un cansancio que no viene del cuerpo.

Ni siquiera de lo que hacemos.

Viene de lo que sostenemos sin darnos cuenta.

De expectativas que nadie nos pidió de forma directa, pero que aprendimos a cumplir igual.

Miradas interpretadas, silencios leídos como órdenes, lealtades que no se cuestionan porque llevan demasiado tiempo ahí.

Versiones de nosotras que funcionaron una vez y que seguimos representando aunque ya no encajen en ningún lugar real.

No siempre sabemos cuándo empezó.

Sólo sabemos que pesa.

A veces creemos que es responsabilidad.

O madurez. O amor.

Y no siempre lo es.

Cuestionar esas expectativas no tiene nada de liberador al principio.

No se siente como alivio.

Se siente como culpa.

Como traición silenciosa.

Como estar fallando a algo que no sabemos nombrar, pero que aprendimos a respetar.

Hay una incomodidad muy concreta en empezar a preguntarse si todo lo que llevamos encima sigue siendo nuestro.

Si de verdad elegimos ciertas cargas o simplemente nunca nos detuvimos a dejarlas en el suelo.

Porque dejar de cumplir expectativas no siempre provoca conflicto externo.

Muchas veces el conflicto es interno.

Es esa sensación de estar rompiendo un acuerdo invisible.

De no estar a la altura de una imagen que ni siquiera sabemos quién construyó.

Lo más difícil no es decir que no.

Lo más difícil es aceptar que hemos vivido mucho tiempo diciendo que sí sin preguntarnos a qué.

Y el cuerpo lo sabe antes que la cabeza.

Se manifiesta en el cansancio persistente, en la falta de ganas, en esa sensación de estar siempre respondiendo a algo que nunca termina de resolverse.

No todo lo que se espera de ti tiene que seguir siendo tu responsabilidad.

Pero saberlo no significa poder soltarlo de inmediato.

A veces lo único que ocurre es que empiezas a verlo.

Y verlo ya cambia algo, aunque no sepas todavía qué hacer con ello.

Hay cargas que no se caen solas.

Y hay silencios que aparecen justo cuando empezamos a sospechar que quizá no tenemos que sostenerlo todo.

No siempre hay decisiones claras.

A veces solo hay una pregunta que se queda abierta.

Y un cansancio que, por primera vez, empieza a tener sentido.

“Si te toca caminar por el infierno, camina como si fueras el mismo diablo”

Ante actitudes infantiles…

Silencio Adulto

No todo conflicto merece una respuesta.

Y no toda conducta busca entendimiento.

La inmadurez provoca para obtener reacción.

La madurez responde con distancia.

El silencio no siempre es ausencia de palabras,

a veces es presencia de criterio.

Elegir no reaccionar no es rendirse,

es saber que no todo vale tu energía,

ni todo merece tu tiempo.

Callar también es una forma de carácter.


CUMPLE. AUNQUE DUELA

“Haz lo que debes. Pase lo que pase.” * Marco Aurelio

La vida no siempre será justa.

No siempre será cómoda.

No siempre saldrá como esperas.

Pero eso nunca ha sido excusa para abandonar el deber.

Marco Aurelio no hablaba desde la teoría,

hablaba desde la responsabilidad,

desde el peso del poder,

desde la presión constante de decidir bien en medio del caos.

Hacer lo que debes no depende del ánimo.

Depende del carácter.

Hay días en los que cumplir cansa.

Días en los que nadie agradece.

Días en los que parece que actuar con rectitud no tiene recompensa inmediata.

Aun así…

haz lo que debes.

Porque el deber es una brújula cuando todo se confunde.

Porque el deber te mantiene firme cuando la emoción se desordena.

Porque el deber construye una vida que no necesita excusas.

No controlas el resultado.

No controlas la reacción ajena.

No controlas las circunstancias.

Pero sí controlas tu conducta.

Y cuando haces lo correcto una y otra vez,

aunque nadie mire,

aunque cueste,

aunque duela…

te conviertes en alguien sólido.

En alguien confiable.

En alguien difícil de quebrar.

Haz lo que debes.

Pase lo que pase.

Eso es vivir con dignidad.

“Conocimiento bien aplicado, es poder”

HABLANDO DE DEMONIOS

Los demonios existen, son silenciosos, persistentes y se alojan en tu cabeza.

Te hablan cuando estás solo.

Te susurran que no vales nada, que es mejor rendirte, que nadie notaría si desapareces.

Y si les das espacio, toman control.

Se alimentan de tu debilidad, de tu inacción, de tu silencio.

No puedes ni debes negociar con tus demonios.

No puedes darles espacio ni tratarlos con compasión.

A los demonios se les enfrenta con estructura, con acción, con propósito.

No los vas a derrotar acostado en la cama, ni lamentándote por lo que perdiste.

Se les gana cuando eliges moverte, cuando eliges actuar, cuando eliges dominarte a ti mismo aun en medio del dolor.

La mayoría se rinde porque espera una solución mágica: un mensaje de texto, un abrazo, una pastilla.

Pero eso no llega.

Nadie vendrá a salvarte.

Porque esta batalla es tuya, y sólo tuya.

Tienes que levantarte con los dientes apretados y decir:

“Yo soy el cazador, no la presa.
Ustedes no mandan aquí”.

Esa es la actitud.

Ese es el principio del dominio.

Tus demonios no odian tu cuerpo, odian tu mente.

Odan tu potencial.

Por eso te distraen con dopamina barata, con comida basura, con vicios, con mujeres que no te respetan.

Quieren debilitarte hasta que te conviertas en una sombra del hombre que podrías ser.

Pero tú decides.

Cada día, cada hábito, cada elección es un voto: o para tus demonios o para tu mejor versión.

Sé ese hombre que los demonios temen encontrar despierto.

Sé el que entrena cuando nadie lo ve.

El que se compromete con sus metas incluso cuando tiene miedo.

El que se convierte en una amenaza no para el mundo, sino para su antigua versión débil, para sus excusas, para todo lo que lo mantenía roto.

El respeto propio empieza cuando eliges resistir el llamado de tus demonios.


Psicoterapia Práctica

Manuel David Martínez

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