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“PERCIBIENDO EL OTRO LADO DE LA REALIDAD” - NO VUELVAS

Jamás vuelvas dónde un día fuiste feliz. Es una trampa de la melancolía... Ya todo habrá cambiado y nada será igual. Ni siquiera Tú. Ya no intentes encontrar los mismos paisajes. Ni las mismas personas...

“PERCIBIENDO EL OTRO LADO DE LA REALIDAD” - NO VUELVAS

Jamás vuelvas donde un día fuiste feliz.

Es una trampa de la melancolía...

Ya todo habrá cambiado y nada será igual.

Ni siquiera Tú.

Ya no intentes encontrar los mismos paisajes.

Ni las mismas personas.

No estarán ahí.

El tiempo juega sucio ya se habrá encargado de destrozar todo aquello que un día fue tú felicidad...

No regreses al lugar donde fuiste feliz.

Mejor retenlo siempre en tu memoria.

Así, tal como era.

Pero no regreses.

No trates de volver abrir las puertas del pasado...

Ya lo conoces.

¿Como para que?

La vida debe continuar.

Y hay nuevos paisajes que conocer.

Nuevos caminos que recorrer.

Nuevos lugares que visitar.

Y nuevas personas que nos esperan.

Porque si no dejas ir aquello que un día te lastimó.

No habrá en tu corazón lugar para lo que traerá nueva felicidad.

“Ten cuidado con el hombre desnudo que te ofrece ropa.
Ten cuidado con el hombre ignorante que te ofrece ayuda”

EL FAVORITO

Cuando eres el favorito de Dios, no sólo recibes bendiciones: también atraes guerra, envidia, conflictos, malestares y demás.

La marca divina sobre un hombre no solo lo eleva, lo expone.

Cada vez que el Creador pone su mano sobre ti, el infierno toma nota.

Porque el enemigo no desperdicia su energía en los que no representan amenaza.

Persigue a los que pueden romper maldiciones, levantar generaciones y transformar realidades.

Si estás sintiendo presión, resistencia o ataques desde todos los ángulos, no es porque estés perdido… es porque estás en el radar.

Eres visible para el cielo y peligroso para el infierno.

Ser el favorito de Dios no significa tener una vida fácil.

Significa tener una vida con propósito.

Significa que serás probado, moldeado, forjado a fuego.

Él no puede confiar una misión grande a un hombre débil.

Por eso la vida te empuja, te golpea, te exige.

No para destruirte, sino para templarte.

Las pruebas son filtros.

Separan al creyente tibio del guerrero espiritual.

Un propósito pequeño no genera resistencia.

Una misión divina sí.

Y cuando lleguen esos días en los que todo se oscurezca, cuando sientas que Dios guarda silencio, recuerda esto: Él no se ha ido.

Está observando tu proceso.

Dios no se mide en rapidez, se mide en preparación.

No responde cuando tú quieres, responde cuando estás listo.

Porque el dolor es su cincel, y tú eres la obra.

Cada caída te hizo más sabio.

Cada traición afinó tu discernimiento.

Cada pérdida tenía un propósito: enseñarte a depender sólo de Él.

Dios no te salvó para que sigas siendo el mismo.

Te apartó para transformarte.

Te sacó del caos no para devolverte al confort, sino para enviarte a la guerra con propósito.

Las heridas que llevas no son señal de debilidad.

Son marcas de pertenencia.

Son las cicatrices del elegido.

Cuando regreses, no volverás como un hombre común, sino como un guerrero probado por el fuego, forjado por la fe y endurecido por la batalla.

Así que cuando todo se ponga en tu contra, no corras.

Mantente firme.

El infierno no persigue a los insignificantes.

Si estás bajo ataque, es porque tu existencia incomoda.

Porque tu potencial amenaza la mediocridad.

Cada golpe, cada puerta cerrada, cada lágrima… es confirmación de que tu historia importa.

El dolor no es castigo.

Es entrenamiento.

Dios está levantando en ti una autoridad que solo se obtiene atravesando el sufrimiento.

El sufrimiento que hoy soportas será la autoridad con la que mañana levantarás a otros.

La presión que hoy sientes es el molde de tu legado.

No estás siendo destruido.

Estás siendo preparado.

“Cuando estamos cansados no atacan ideas y pensamientos que y habíamos vencido en el pasado”

INTOSPECCIÓN

Cuando ves a un hombre callado, no es que no tenga nada que decir,es que entendió algo que pocos soportan: hablar por impulso solo debilita la posición.

Ese silencio no es vacío.

Es contención.

El silencio es disciplina, es poder.

Es un hombre sosteniéndose mientras la presión aprieta desde todos lados: expectativas ajenas, errores pasados, decisiones que no pueden fallar otra vez.

Tal vez tú también has estado ahí.

Con la mandíbula tensa, la mirada fija, cargando más de lo que muestras.

No porque seas frío, sino porque aprendiste que derrumbarte frente a cualquiera sale caro.

Por fuera parece calma.

Por dentro hay cálculo, resistencia, y una pregunta que no se dice en voz alta:

¿me mantengo firme o cedo como tantos otros?

Ese momento define más de lo que imaginas.

No es ausencia de voz.

Es carácter poniéndose a prueba.


SABIDURÍA

“El pájaro que esquiva una piedra no pierde tiempo cuestionando la intención del que la lanzó”.

Porque el pájaro entiende algo que muchos humanos no.

La piedra no fue lanzada para enseñar.

No fue una advertencia.

No fue un juego.

Fue lanzada para matar.

Y cuando falla…

El pájaro no regresa.

No enfrenta al agresor.

No se queda en una rama preguntándose:

“¿Por qué alguien querría hacerme esto?”

Simplemente vuela.

Porque para él, sobrevivir es más importante que entender.

El propósito vale más que el cierre.

La vida vale más que las explicaciones.

Los humanos, en cambio, somos extraños.

Nos esquivan una piedra… y luego nos sentamos a analizar la mano que la lanzó.

Queremos motivos.

Queremos disculpas.

Queremos conversaciones.

Queremos ser comprendidos por personas que ya demostraron que no les importa si vivimos o morimos.

Entonces hacemos una pausa.

Sangramos lento.

Repetimos escenas.

Investigamos la traición.

Diseccionamos la falta de respeto.

Estudiamos la psicología de quienes ya intentaron destruirnos.

Mientras tanto, la siguiente piedra ya está siendo levantada.

El pájaro no hace eso.

Él entiende una ley brutal de la naturaleza:Si algo intentó acabar contigo y falló, eso no es una invitación a dialogar.

Es una señal clara para moverte.

Porque las intenciones no cambian los resultados.

Las piedras no explican nada.

La gravedad no negocia.

Y quien intentó hacerte daño no se vuelve seguro solo porque falló.

A veces Dios, la vida o el destino no eliminan al enemigo.

Sólo quitan el impacto.

La piedra pasa.

El viento cambia.

No hay tiempo.

Sobrevives.

No para construir un tribunal en tu mente, sino para salir del campo de batalla.

El pájaro que sobrevive no se vuelve filósofo.

Se vuelve más rápido.

Vuela más alto.

Se vuelve más difícil de alcanzar.

Cambia la altitud.

Cambia la dirección.

Cambia el entorno.

No desperdicia el aliento que le queda pidiendo explicaciones a personas peligrosas.

Hay personas en tu vida que ya mostraron su objetivo:

Sus celos apuntaban.

Su amargura apuntaba.

Su manipulación apuntaba.

Su silencio apuntaba.

Su traición apuntaba.

Su falta de respeto apuntaba.

Fallaron.

Y tú sigues aquí.

No porque sean buenos…sino porque te moviste, Dios bloqueó o la vida intervino.

Tu supervivencia no prueba su inocencia.

Prueba que el peligro estaba cerca.

La pregunta no es:

“¿Por qué lanzaron la piedra?”

La verdadera pregunta es:

“¿Por qué sigo parado donde las piedras siguen volando?”

El pájaro que esquiva una piedra no debate.

Sale del rango.

Valora la respiración sobre las respuestas.

La dirección sobre la discusión.

La vida sobre la claridad.

Y por eso, sigue vivo.

“Cuando estés muerto, no sabrás que estás muerto.
El dolor lo sentirán los otros.
Lo mismo pasa cuando eres estúpido”.

Psicoterapia Práctica

Manuel David Martínez

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