
Por Andrés Timoteo
YA VAN TRES CAÍDOS
Al estilo de las preguntas en los ‘memes’ de las redes sociales: ¿Y cómo le va a la prensa en Veracruz en la era nahlista?
A toda adrenalina.
Los periodistas que no son balaceados, ‘suicidados’, desaparecidos o amenazados, los procesan judicialmente por terrorismo.
La noche del jueves se tuvo el ejemplo más reciente de lo anterior, el periodista de nota roja Carlos Leonardo Ramírez Castro fue cocido a balazos sicarios en Poza Rica, lo hicieron a gusto y tranquilamente se retiraron del lugar del crimen sin que nadie los detuviera o persiguiera pues la impunidad y ausencia de orden público domina dicho municipio -y también la entidad-.
Es el segundo periodista asesinado a tiros en el sexenio estatal.
El 20 de mayo del 2025, pistoleros de la mafia mataron también de la misma forma a la periodista Avisack Douglas Coronado en el municipio de Juan Rodríguez Clara.
Han pasado ocho meses y el asesinato sigue impune como impune quedará el de Ramírez Castro.
Y se dice que son dos los periodistas muertos pero en la modalidad de ataques sicariales, pues hay otro que también falleció tres meses antes en circunstancias sospechosas que hacen suponer un crimen.
Es Josué Othoniel Alejandre Gaytán, encontrado sin vida en su domicilio, en el municipio de Isla, el 13 de febrero.
A este reportero “lo suicidaron” se comenta tanto en el gremio como en la misma comunidad isleña.
Alejandre era incómodo para el alcalde morenista Gustavo Alfonso Torres quien lo había amenazado en días previos y pese a que familiares y amigos contravinieron la versión de la Fiscalía estatal esta cerró el caso con el veredicto de que atentó contra su propia vida.
Entonces ya son tres los periodistas asesinados bajo el gobierno de la zacatecana Rocío Nahle.
Y si se revisa la estadística, el nahlismo acumuló en sus primeros tres meses el 38 por ciento de los todos los asesinatos de periodistas perpetrados durante el cuitlahuismo.
Además, el primer ataque y homicidio -el de Douglas Coronado- se cometió a los seis meses de iniciado este sexenio cuando en el gobierno anterior el primero -el de Jorge Celestino Ruiz Vázquez- se perpetró hasta agosto, a los nueve meses.
OLA TEMPRANA
¿Qué significa la ola temprana de agresiones mortales en el gobierno de Nahle?
Que la cacería de periodistas está de regreso como en los tiempos duartistas, que los mafiosos atacan porque se saben impunes y hasta con permiso.
La percepción, entre maleantes y la población, es que la autoridad no condena, no investiga, no busca, no detiene y no castiga a los asesinos.
Al contrario, hasta parece solazarse con lo que hacen.
A todo lo anterior sumen la desaparición de Miguel Ángel Anaya Castillo, editor del portal Pánuco On Line, el 13 de marzo pasado.
El martes se cumplirán diez meses de que un comando armado lo ‘levantó y de que nadie lo volvió a ver desde entonces.
Anaya también fue amenazado por exmunícipe guinda Oscar Guzmán de Paz antes de su desaparición forzada de la cual sería autor intelectual, pero aún con los testimonios de otros colegas panuquenses, la Fiscalía nunca requirió a Guzmán y ahora que este dejó el ayuntamiento anda pregonando que la mandataria estatal lo incorporará al gabinete.
Seguramente le cae bien y lo premiará por haber escarmentado a un periodista bocón.
Vaya y el periodista veracruzano que no sucumbe a las balas, la desaparición forzada o al suicidio, le abren un expediente judicial por terrorismo como sucedió con el colega de Coatzacoalcos, Rafael León en Navidad.
Lo acusaron de ser terrorista porque no quiso ser “oreja” -informante- del gobierno nahlista y entonces lo criminalizaron, aunque su caso desató tal polémica por abusivo que hasta la presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que intervenir y señalar el exceso.
Nahle reculó e instruyó a su fiscal Aurelia Jiménez a modificar la acusación y un juez del Bienestar eliminó el cargo por terrorismo, pero le dejó otros dos delitos además de prisión domiciliaria cuando debieron desistirse de la acusación completa pues es fabricada.
No lo hicieron porque León Segovia es usado como ‘cabeza de turco’ para enviar un mensaje de advertencia -una amenaza, pues- al resto de periodistas críticos.
LES GUSTE O NO
Entonces, ¿cómo le va a la prensa veracruzana con la zacatecana gobernando?
Con la adrenalina a tope, se repite.
El gobierno nahlista está en franca batalla contra ella.
Lo que no le hace desde sus fueros o sus operadores, lo tolera y lo ignora.
Lo deja pasar y nunca investiga.
Ah, porque al reportero Carlos Castro -así firmaba sus notas- un tiempo tuvo medidas cautelares debido a que policías municipales, bajo el mandado del exmunícipe morenista Fernando Remes, lo agredieron y amenazaron en el 2024.
Vaya, otro edil guinda que aparece en el plan contra el gremio.
Y el caso de colega pozarricense acabará como lo profetiza el caricaturista Brunóf en una viñeta recientemente publicada, con Nahle mostrando la silueta del asesinado e informando en conferencia de prensa:
“Aquí se ve claramente que el reportero terrorista murió de un paro cardíaco.
Listo, caso cerrado”.
Al monero sólo le faltó agregar: “les guste o no”.
*Envoyé depuis Paris, France.