
Por Andrés Timoteo
PROTECCIÓN O PRESUNCIÓN
A finales del 2012, cuando llegué a París -una disculpa por usar la primera persona-, me impresionó el equipo acumulado en la sede de Reporteros Sin Fronteras (RSF) ubicada en la pequeña pero bonita calle Vivienne del barrio 2.
Había apilados equipos de protección personal para reporteros en zonas de guerra y alta peligrosidad.
Eran chalecos antibalas y cascos. ¿Para quiénes son?, pregunté.
Estaban destinados a comunicadores de Afganistán, Irak y Siria que los necesitaban por el riesgo de muerte.
Esos mismos 'kits' de supervivencia los enviaban a otras regiones del orbe.
En América Latina alguna vez los mandaron a Colombia. A México no, a pesar de grave situación para los periodistas.
Se resistían -y se resisten- a considerar oficialmente a México como un territorio en guerra, aunque de facto lo está desde el 2007.
Es más, en el 2014, una comisión enviada por la Asociación Mundial de Editores de Noticias (WAN-IFRA, por sus siglas en inglés), aliada de RSF, tuvo que suspender su visita a Veracruz.
Gobernaba el duartismo y los enviados internacionales se iban a exponer en un territorio lleno de sicarios del crimen y personeros del régimen local dedicados a exterminar periodistas y a sus defensores.
Se consideró dotarlos con chalecos y cascos antibalas así como de vehículos blindados -se los ofreció la Secretaría de la Defensa Nacional- para que viajaran a Veracruz, pero aún así el riesgo era supremo por lo que se decidió que las reuniones y entrevistas se hicieran en la capital del país.
Fue la única vez que se consideró tales chalecos para México.
Es cierto que esos 'kits' los necesitan periodistas que ejercen en determinadas regiones de estados tan violentos como Guerrero, Michoacán, Zacatecas, Tamaulipas, Sinaloa y Chihuahua, además de Veracruz, pero, ojo, deben ser para los hacen periodismo de verdad y corren un riesgo comprobado, no para los fantoches.
En aquel 2012 me explicaron que los chalecos antibalas no garantizan al cien por ciento la seguridad de quienes los usan.
El porcentaje de supervivencia en un ataque está entre el 50 y 70, o sea que de todos modos te pueden matar. Sin embargo, esos 'kits' son mejor que nada.
También admitieron que la entrega de este equipo y su correspondiente uso debe ser regulada con una evaluación precisa del riesgo para el portador porque se puede prestar a un uso malintencionado.
No lo dijeron abiertamente, pero admitieron que hay gente presuntuosa que usa ese equipo para lucirse y no para protegerse.
Son los que desvirtúan la protección con la presunción.
Esto viene al caso porque se ha difundido una fotografía del secretario de la Comisión Estatal de Protección -risas- a Periodistas, Israel Hernández, luciendo gustoso un chaleco antibalas durante una reunión con comunicadores del sur del estado, según lo documentó el periodista Rodrigo Barranco.
Ese señor Hernández es un ejemplo de la fantochería y simulación.
¿A qué le teme si no ejerce el periodismo ni tampoco la defensa de los periodistas?
Algunos dicen que un tiempo fue del oficio -¿alguien lo supo o se acuerda?, ¿lo leyeron?-, pero si lo hizo fue de forma gris e intrascendente.
No hay registro de alguna nota o reportaje suyos críticos o dignos de la memoria por su prosa o contenido.
Y ahora que está encargado de justificar al gobierno cuitlahuista cada vez que agreden a los comunicadores mucho menos corre peligro.
No hay nada que justifique el uso de un chaleco protector.
La actitud de este burócrata ofende a los verdaderos periodistas y activistas que si requieren protección porque reportean en zonas y contextos terriblemente mortíferos.
Ni él ni ninguno de los integrantes de la paquidérmica comisión están bajo riesgo, solo simulan burlándose del gremio.
Son unos fantoches.
LA CARTA DE PARÍS
A propósito, en esta semana Reporteros Sin Fronteras y otras 16 organizaciones internacionales emitieron la Carta de París sobre la Inteligencia Artificial (IA) y el Periodismo que es un texto pionero para definir los principios éticos que deben adoptarse en las redacciones de los medios de comunicación a fin de combatir las 'deepfakes' y 'fakenews' -o sea las mentiras disfrazadas como verdades- en la era de la supertecnología digital.
El punto medular y efectivo para evitar que el periodismo sea devorado por las falacias es la ética, siempre la ética, de quienes reportean, redactan, publican y -ahora que está de moda el término- "crean contenido" pues este debe ser verdadero y no ficticio.
"La ética debe regir las decisiones tecnológicas en el seno de los medios", dice la misiva.
"Más que nunca, el periodismo necesita una base ética sólida y ampliamente reconocida".
Y para hacer "una clara distinción entre contenidos auténticos y sintéticos, la independencia editorial y la responsabilidad humana serán las primeras garantías del derecho a la información en la era de la IA".
En un momento en que los 'deepfakes' podrían intensificar la desinformación y quebrar la confianza del público en todos los contenidos audiovisuales, deontología -principios – del periodismo es vital.
"La inteligencia artificial puede prestar un servicio eminente a la humanidad, pero también tiene el potencial de amplificar la manipulación de las mentes hasta un punto sin precedentes en la historia", advierte.
Resumiendo, no hay que temer a la IA, pero si controlarla para impedir que degrade el periodismo. La solución no es desconocida y siempre ha estado ahí: consiste simplemente en hacer periodismo con ética y veracidad.
Pero la advertencia de la Carta de París no es exagerada pues ya hay casos en que se crean artificialmente con la IA declaraciones de personajes, en audio y video, para hacerlas pasar como verdaderas.
El colmo es que algunos dictadores están fabricando reporteros y presentadores robots o 'avatares' para dar noticias favorables, aunque falsas, a sus regímenes a fin de engañar a la población.
En Venezuela, el chavismo ya lo hace: (https://goo.su/8GRTa0b y https://www.youtube.com/watch?v=lhXb89ZkViI ).