
Por Andrés Timoteo
JUEVES DE LAVADO
Llegó el Jueves Santo de lavado y enjuagado.
En la creencia cristiana, el día es para recordar cuando Jesús dio una enseñanza de humildad pues siendo líder y maestro de sus seguidores se inclinó a lavarles los pies, una tradición judía de hospitalidad.
En la antigua Judea eso lo hacían los siervos y esclavos al recibir los invitados que recorrían los caminos polvorientos, pero el Profeta de Nazareth quiso ocupar esa condición para demostrar con hechos lo que predicó al seleccionar a sus apóstoles:
“El discípulo no es más que su maestro ni el siervo más que su señor” (Mateo 10:24-25).
Claro, siempre hay una oveja descarriada y en aquella historia fue Judas Iscariote, el recaudador de impuestos metido a seguidor del Mesías.
¿Ya ven que no hay que confiar en los que trabajan en Hacienda?
Eso se sabe desde los tiempos bíblicos. Risas.
Pero hay de lavados a lavados.
El de Jesús fue una cátedra de humildad e igualdad pero el lavado de manos que hizo Poncio Pilato fue para ‘sacudirse el bulto’, dirían en el argot popular, un acto que hasta la fecha se interpreta como la fuga hacia adelante a fin de desentenderse de entuertos y decisiones.
Otro lavado bíblico de pies fue el que le hizo María Magdalena al mismo Cristo con la esencia de nardo -el perfume más famoso de la historia-.
Ella también secó con sus propios cabellos los empeines del Nazareno.
¿De ahí nacería el amor entre ambos o fue antes cuando, dicen, la salvó de ser lapidada por la turbamulta?
¿O tras expulsarle siete demonios que la poseían?
Vaya usted a saber, algunos dicen que se trata de mujeres diferentes y otros que fue una sola, la de Magdala.
En política y la actividad gubernamental también hay muchos tipos de lavados, desde el blanqueo de la imagen institucional hasta el lavado de dinero para hacer pasar por legales los recursos aportados por el crimen organizado o los obtenidos por el saqueo de las arcas públicas.
Sobran ejemplos, algunos muy sonados en la entidad.
En el puerto de Veracruz siempre se ha comentado que un empresario gasolinero lleva años lavando dinero para la delincuencia organizada.
Otro lo hacía a través de farmacias que luego ‘quebraron’ al finalizar el sexenio fidelista.
Otros más, también ligados a la fidelidad, lo hacía con caballos de carreras que eran comprados en subastas de Estados Unidos con precios inflados para justificar las ganancias de un cartel del narcotráfico.
Por ahí un junior anda presumiendo en las redes sociales los relojes caros comprados con las ganancias de antaño de su progenitor.
Polvos de aquellos lodos.
LAVANDERÍAS LOCALES
Ahora mismo y sin decir nombres -porque es pecado hablar mal del prójimo en estos días, risas- un funcionario federal originario de Los Tuxtlas ‘lava’ toneladas de billetes hurtados en su actual oficina y cuando manejó los recursos legislativos.
Lo hace, sobre todo, a través de empresas constructoras que realizan obra a los ayuntamientos.
Y qué decir de las ‘lavanderías’ disfrazadas de medios informativos.
¿Se acuerdan del Centinela que floreció en el sexenio fidelista y que llegó a tener más tiraje que New York Times?
Fue uno de los expendios de lavado y enjuagado más descarados.
O esas páginas digitales promovidas como periódicos ‘on line’ de por Vania López, actual regidora de Córdoba, y Aldo Valeriano cuando manejaban el aparato de comunicación social en el congreso local.
Por cada una facturaban hasta 300 mil pesos al mes tomados del erario parlamentario y que necesitaban blanquear.
Nadie consultaba esos portales pero vaya que fregaban abultados trapos.
Ahora mismo, algunos de esas paginuchas siguen activas en Córdoba, son usadas para golpear mediáticamente al munícipe en funciones, Manuel Alonso Cerezo y al Consorcio empresarial que lo respalda.
Ah y en los mentideros políticos hablan de otra enorme lavandería que acaba de abrir dos sucursales en el estado, una en el puerto de Veracruz llamada “Ulúas” y otra en Coatzacoalcos de nombre “Quetallis”.
En ambas se remojarán en detergente limpiador -de ese cuya espuma hace ‘chaca-chaca’- muchos fajos clandestinos.
¿ACASO SERÉ YO?
En la Última Cena, Jesús anticipó que uno de los suyos lo traicionaría y Judas Iscariote pronunció una pregunta que hasta la fecha es pauta de identificación en el ámbito político:
“¿Acaso seré yo, Señor?”.
A la presidenta Claudia Sheinbaum le abundan los Judases y aunque todavía no la han llevado al Gólgota si le han empedrado su viacrucis.
La gobernante estatal, Rocío Nahle, no los tienen por ahora, lo que le abundan son zalameros pero esos mismos la crucificarán cuando esté acabando su sexenio.
Al tiempo.
Entre los personajes menores de la política aldeana están Ricardo Ahued, todavía secretario de Gobierno que tiene su Judas en el subsecretario Juan Manuel Pozos al que le urge tirarlo para ocupar su sillón.
Y el tatahuico Esteban Bautista tiene como diez Judases en el recinto legislativo que regentea y que no paran de apuñalarlo y sueñan con latigarlo y colgarlo de un madero.
Ojo, no es que los mencionados sean cristos, ni siquiera probos.
Se les cita porque en su misma recua tienen a sus apuñaladores.
*Envoyé depuis Paris, France.