
Por Andrés Timoteo
ESCURRE Y ARDE
La concomitancia no pudo ser mejor.
La presidenta Claudia Sheinbaum ya no pudo cambiar la sede de la conmemoración del 88 aniversario de la Expropiación Petrolera que fue en Veracruz cuyas costas, del centro y sur, están anegadas de chapopote por la marea negra ocasionada por un “buque privado” contratista de Petróleos Mexicanos (Pemex), según lo dicho por la propia gobernante estatal, Rocío Nahle.
Lo bueno es que la ceremonia no se realizó en Tabasco donde cinco trabajadores fueron achicharrados en un incendio registrado el martes luego de que se desbordaran los residuos aceitosos del complejo.
Por cierto, la nivelación del terreno y la construcción de los cárcamos donde se registró el siniestro estuvieron a cargo de Grupo Huerta Madre propiedad Arturo Quintanilla Hayek, el compadre consentido de la zacatecana -¡para no variar!- y, literalmente, la obra no pudo superar la primera “prueba de fuego” y se prendió.
Retomando el hilo, el evento presidencial de ayer fue en los municipios de Pueblo Viejo y Pánuco, al norte y que se asientan sobre el llamado Paleocanal de Chicontepec que tiene reservas importantes de hidrocarburo pero con el obstáculo de ser mayormente crudo pesado y gas esquisto.
Para sacar este último se requiere el método del ‘fracking’ o fracturación hidráulica que conlleva un enorme daño ambiental, además de uha infraestructura que requiere forzosamente capital privado porque Pemex no lo tiene pues está desfondado.
Y precisamente Pemex y la política energética nacional llegan a los 88 años de que el presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la riqueza petrolífera -en 1938- con una situación lastimera: en decadencia y crisis totales por el saqueo de décadas que no se paró con la “cuarta transformación”.
El fundador de la misma y primer presidente ‘cuatrotero’, Andrés Manuel López Obrador, hizo campaña durante dieciocho años con la alharaca que rescataría a la paraestatal, la haría rentable y recuperaría la soberanía energética del país.
Nada cumplió, todo fue una engañifa y Pemex registró una de sus etapas más corruptas con el obradorismo.
Sus emblemas fueron el ‘huachicol’ tradicional que se disparó en un mil 500 por ciento, el ‘huachicol’ fiscal perpetrado por los mismos funcionarios públicos y sus contratistas externos, y el fracaso de inversión en la refinería Deer Park, en Texas, que registra pérdidas multimillonarias.
Pero la ‘joya de la corona’ en esa seguidilla de fracasos y embustes es la refinería de Dos Bocas en Tabasco que costó el triple de lo anunciado, funciona a tropiezos, no ha alcanzado el nivel de producción canturreado y para nada resolvió eso de la soberanía energética.
Ahora mismo dos sucesos alimentan la concomitancia mencionada al inicio: el incendio en Dos Bocas con cinco muertos incluidos y la marea negra que contamina las playas veracruzanas y ocasiona un severo daño ambiental.
Entonces, la placa conmemorativa por la fecha es que el ya casi nonagenario Pemex cuando no escurre, arde.
EL ‘BOOM’ PERDIDO
Lo anterior no significa que debamos desatendernos del asunto.
Vaya, si Pemex hubiera sido rescatado como lo prometieron ahora mismo el país registraría un ‘boom’ financiero pues el precio del barril a nivel internacional ya alcanzó -ayer- los 105 dólares cuando en los últimos años fluctuó entre los 60 y 80.
Ahora va para arriba debido a la guerra en el Oriente Próximo y la detención del tráfico naviero en el Estrecho de Ormuz -suena como prisión de la película de Harry Potter-.
Antes de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, el barril se cotizaba en 68 dólares y en tres semanas subió casi cuarenta dólares, y sigue hacia arriba.
¿Se imaginan las carretonadas de divisas que México obtendría si todavía fuera exportador de petróleo?
Hoy, al contrario, pagará mucho más cara la gasolina y el gas que importa para cubrir la demanda nacional.
De ahí que la famosa soberanía energética tan pavoneada por el obradorismo fue solo una burla y pretexto para hacer negocio con las riquezas soberanas.
El último ‘boom’ petrolero en México se registró hace más de veinte años, entre el 2000 y 2006 cuando gobernó el panista Vicente Fox pues el precio mundial del barril también superó los 100 dólares y al país llegaron cientos de miles de millones de dólares como ingresos.
Lo malo fue que no se invirtieron en capitalizar y modernizar a Pemex y ni siquiera en palear la crisis financiera del resto del país sino que se los robaron.
Antes de eso, el ‘boom’ anterior fue entre 1978 y 1981 porque se disparó la producción de crudo y gas tras el descubrimiento y explotación de las reservas de Cantarell en la Sonda de Campeche.
En ese lapso, el Producto Interno Bruto (PIB) creció hasta en un 9 por ciento.
Hoy solo queda la añoranza.
Por cierto y para ilustrarse sobre la historia petrolera en México y su utilización como instrumento político e inventario de las corruptelas se recomienda cuatro lecturas imperdibles: “México Negro” (1986) de Francisco Martín Moreno y la trilogía de la periodista Ana Lilia Pérez, “Camisas Azules, Manos Negras” (2010), “El Cartel Negro” (2011) y “Pemex RIP” (2017).
*Envoyé depuis Paris, France.