
Por Andrés Timoteo
CUESTIÓN DE TIEMPO
El escándalo por el latrocinio descubierto en la llamada Universidad Popular Autónoma de Veracruz (Upav) ni es nuevo ni sorprende a nadie, solamente estalló apenas en este sexenio, pero desde hace años todos sabían que sucedería, la única cuestión era cuándo.
Y la diana le tocó al nahlismo que ahora lidia con las consecuencias mediáticas -que no judiciales de fondo- de un chanchullo que se sostuvo por más de quince años.
La Upav fue nombrada así en el sexenio de Javier Duarte, pero nació antes, en el 2008 a iniciativa de Guillermo Zúñiga, uno de los personajes más turbios y expoliadores que ha conocido la política estatal.
En la fidelidad, Zúñiga creó el Instituto Veracruzano de Educación Superior (IVES) que operaba en las márgenes de las instituciones oficiales, mendigando recursos y robándose todo lo que se podía en cuanto a fondos remanente para la educación.
Fue tan exitoso ese negocio que el innombrable lo permitió a cambio de tajada, luego Duarte lo oficializó como una "universidad formal", el panista Miguel Ángel Yunes quien tuvo la oportunidad de corregirlo no lo hizo y lo dejó pasar.
Con Cuitláhuac García, la Upav llegó a un nivel cúspide de saqueo y negocio a costa de la necesidad de miles de jóvenes para obtener una formación académica.
Y con Nahle sólo reventó el asunto.
Los tres detenidos por el desfalcó de unos 500 millones de pesos no son más que la punta de la madeja y, en cierta forma, una suerte de 'chivos expiatorios' porque todos los que han pasado por ahí robaron a manos llenas, especialmente los cuitlahuistas que no serán tocados.
El título del 'rey del saqueó' en la Upav bien se lo puede llevar el rioblanquese Zeyazen Escobar.
También se puede declarar sin temor a equivocarse que Nahle sólo está cargando con el escándalo de lo que viene del pasado, aunque tampoco es inocente del todo pues más de un año sostuvo ese esquema fraudulento con la educación y a los funcionarios participaron en el banquete de la corrupción.
Así de simple.
Desde tiempos de Zúñiga, la Upav fue creada para lucrar y robar, no para educar.
Basta la revisión simple de estos dieciséis años para confirmar que no hay un solo egresado que destaque en el ámbito profesional, académico, investigativo y demás.
No ha aportado nada a la vida académica ni a la excelencia del estado.
Vaya, sólo reparen que el "doctorado" expedido por la Upav que más noticia ha dado es aquel que le regalaron a Atanasio García, el padre del exgoberndor Cuitláhuac García, como parte del enjuague para elevar su currículum y sacar una jubilación más alta en el 2015. Risas.
Igualmente ha expedido títulos de licenciatura, maestrías y doctorados a otros politiquillos analfabetas que nunca estuvieron en aula ni acreditan con conocimiento medible dichos papeles.
La Upav sólo es una maquiladora de diplomas al servicio del régimen en turno.
El otro entuerto que no tarda en estallar igual que la Upav es el llamado Colegio de Veracruz que hace exactamente lo mismo: lucrar con la educación -ahora disfrazada de elevada- y expedir posgrados como si fueran garnachas de Rinconada.
Ese colegio también es una farsa y nunca ha aportado nada a la academia ni a la investigación.
Es sólo un negocio de vivales.
¡NO SE AZOTEN!
Aclarando, amanece.
Hace días causó revuelo en la aldea que el senador morenista Saúl Monreal pusiera al innombrable como ejemplo de los gobernantes más corruptos que ha tenido el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el país mismo.
¡Uy, se levantó una oleada de indignación entre los convenencieros melancólicos, herederos consanguíneos y de mañas, y entre alguno que otro desmemoriado!
En lo único que mintió el zacatecano fue al decir que estuvo detenido, de ahí en fuera, todo lo demás es cierto: el tipo fue un raterazo y corrupto.
Eso no es difamación sino un hecho tangible.
Fue quien inició el saqueo industrial de las finanzas estatales sin contar con que le entregó Veracruz al crimen organizado.
Ahí está la deuda de casi 50 mil millones de pesos que dejó y los muertos y desaparecidos de su sexenio, lo que no se puede borrar con discursos ni defensas grandilocuentes.
La historia no se altera a contentillo, pues.
En fin, eso de que el innombrable fue de lo peor que pudo haberle pasado a los veracruzanos no hay duda sostenible y por lo tanto tampoco hay cabida para el debate.
De ahí que a sus ardorosos defensores se les recomienda lo clásico: no se azoten porque hay vidrios en el suelo. Risas.
Claro, se entiende que los descendientes familiares lo defiendan -no les queda de otra-, pero mueve a la risa y a la pena ajena que otros más, sobre todo algunos sedicentes comunicadores, haya dedicado odas completas a desmentir al zacatecano Monreal a sabiendas de los crímenes cometidos y las derivas en agravio de miles de veracruzanos.
Esto ya es cosa juzgada.
Sin embargo, en cuanto a credos y devociones nadie está totalmente capacitado para juzgar.
Vaya, si hay quienes le rezan al demonio llamado la "Santa Muerte" pues no es raro que en la aldea veracruzana también le prendan veladoras al innombrable.
Cada quien su dios y su conciencia, ¿no creen?
*Envoyé depuis Paris, France.