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Los que no han tenido la experiencia de ir a los Sanfermines -la suelta de toros- en Pamplona, deberían aprovechar la magia de las redes sociales y la información global en la web para conocerlos. Al festejo se le conoce como “plamplonada” en...

Por Andrés Timoteo

BESTIAS CONTRA TOROS

Los que no han tenido la experiencia de ir a los Sanfermines -la suelta de toros- en Pamplona, deberían aprovechar la magia de las redes sociales y la información global en la web para conocerlos.

Al festejo se le conoce como “plamplonada” en el resto del mundo pero en España le dieron el nombre en honor a San Fermín de Amiens, el patrón de la ciudad cuyo día es el 7 de julio.

Pero esta fiesta, que dura una semana, no se reduce al encierro taurino sino que mezcla lo festivo-pagano con lo religioso.

Aún así, internacionalmente es conocida por los toros que a diario, por la tarde, son soltados en las calles.

Cierto, hay quienes alegan que es una práctica bárbara, pero los animales no son maltratados en la vía pública sino cuando llegan a la plaza donde se realizan las corridas tradicionales.

La “pamplonada” es el traslado de los astados hasta el sitio donde serán lidiados por toreros profesionales.

En ese trayecto la gente los ‘capea’ y provoca.

A diferencia de las fiestas que se realizan Veracruz como la de Tlacotalpan y Xico, en Navarra son los toros los que dan un escarmiento a los metiches.

Es impensable que alguien agreda a un toro en Pamplona porque estos son de lidia no de corral como en los eventos veracruzanos.

Allá nadie les jala o retuerce la cola hasta mutilarlos ni los patea ni los apalea ni les pican los ojos o los arrastran lazados para que no puedan defenderse de la turbamulta.

Al contrario, es ésta la que debe correr y, en su caso, enfrentar el azote de los astados que han llegado a matar gente.

Claro, las reglas para participar son estrictas.

Nadie se puede meter a las calles para desafiar a los seis toros de lidia sin la firma de una responsiva sobre que asumen el riesgo por voluntad propia y desligan tanto al animal como a los organizadores de cualquier riesgo físico.

¿Por qué en Tlacotalpan, el evento taurino más conocido de Veracruz, no hacen lo mismo pero no con toros cebú sino con animales de lidia?

Seguramente porque habría una masacre de bestias de dos patas.

De ahí que no quieren nivelar la capacidad de fuerzas y condiciones entre los toros y los dopados que los persiguen y agreden.

-A propósito, este año se cumple un siglo de que fue publicada la novela “Fiesta” (1926) del escritor norteamericano Ernest Hemingway sobre el encierro taurino en Pamplona y que en su versión inglesa se llama “The sun also rises” o “El sol siempre sale”.

Hemingway fue por vez primera a la “pamplonada” en 1923 y de ahí siguió acudiendo en otros años, pero su primera experiencia motivó el libro.

“Nadie vive su vida hasta apurarla, excepto el torero” y “la corrida es el único arte en que el artista está en peligro de muerte”, fueron dos frases que acuñó sobre la tauromaquia.

También decía que el pueblo español ritualizó la muerte con el toro como el sacrificado, aunque a veces se revierten los papeles y es el hombre que se ofrenda en sacrificio.

“Fiesta” y su otra obra sobre el tema, “Muerte en la tarde” (1932) ayudaron a promocionar globalmente las fiestas taurinas españolas, aunque ahora los defensores animalistas las cataloguen como ‘libros malditos’-.

LA DECADENCIA

Bueno, el tema de los Sanfermines viene al caso por la reciente fiesta en Tlacotalpan y su respectivo encierro de toros.

¿Lo vieron?

Los videos divulgados en la web son depresivos, no por la crueldad con los animales sino por la decadencia del festejo.

Vaya, ya ni el maltrato de los toros es noticia nacional.

Ya son novedad esos pobres animales arreados a fuerza, jalados con lazos para ir donde les marcan, no a su libre albedrío, y algunos tan cansados que simplemente se echan en el pavimento donde son hostigados por los borrachos.

Tampoco las cornadas ya son épicas ni noticiosas.

¿Se acuerdan cuando al periodista Emilio Cuevas lo ‘cogió’ el toro en plena transmisión para Telever?

¡Esas sí eran cornadas!

Risas y un saludo para Emilio.

Pues ahora nada de eso, la ‘tlacotalpada’ está más apagada que nunca y eso es un síntoma local pero más de lo estatal.

Según los enterados, la presencia de turismo extranjero que antes era frecuente ahora es inexistente.

La fiesta a duras penas se promociona a nivel estatal y de forma precaria.

Ya no se diga a nivel nacional o internacional.

Y no solo los toros pasan desapercibidos sino el resto de eventos, incluyendo el más antiguo que motiva la emblemática fiesta: el homenaje a la Virgen de la Candelaria con todo el ritual sicretizado de la religión cristiana con la precolombina.

Para medir la decadencia del festejo tlacotalpeño solo vean los boletines del gobierno estatal con la visita de la zacatecana Rocío Nahle, el lunes pasado.

¡Puras fotografías de ella en los puestos de chácharas y antojitos!

No les dio para más.

Esa es la visión de la política turística en el gobierno nahlista: tenderetes de artesanías y garnachas.

Nada que atraiga el interés nacional, nada global, nada que enamore a los artistas y los induzca a escribir una “Fiesta” como la de Pamplona.

Puro folclor localista.

¿Y lo notaron?

Tlacotalpan ya ni siquiera sirve de escaparate para los políticos como antaño.

Eso es decadencia pletórica.

*Envoyé depuis Paris, France.