
Bad Bunny, ¿chairo o fifí?
Por Sergio González Levet
Bueno, lo cierto, cierto es que el cantante puertorriqueño no cabría en la definición de fanático (chairo) o adversario (fifí) de Andrés Manuel López Obrador porque no es mexicano.
Pero si lo fuera (Bad Bunny, hermano ya eres mexicano, je) igualmente no podría ser encasillado en ninguno de los bandos imaginarios que inventó el patriarca tabasqueño, porque como cantor muestra una conciencia social diferente a la que exhibe en el discurso la Cuarta Transformación y se opone también a las veleidades del capitalismo salvaje que proclama la ultraderecha.
Será en todo caso, ideológicamente, pragmáticamente, de centro… y ya.
Y he ahí una razón por la que, ahora que está en la boca de todo el mundo, unos hablan bien de él y otros mal, y otros mal y bien, entre nuestros connacionales; la causa por la que ahora unos lo alaban y otros lo critican; por la que unos discuten la calidad de su música y otros aceptan su innegable influencia en la cultura popular del continente; por la que unos sentencian que canta mal (no las rancheras, sino las reggaetoneras) y otros se embelesan con su ritmo y su voz.
Vamos a ver: el buen Benito Antonio Martínez Ocasio (lo de Bad Bunny le viene de una foto de la infancia en la que aparece con orejas de conejo y cara de enojado), nacido en Bayamón, Puerto Rico, está rebasando sus límites de artista de trap porque convirtió en un acontecimiento político y/o sociológico su aparición en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl del domingo pasado (por cierto, ¿quiénes jugaron y quién ganó el juego?).
La fuerte sustancia latina/puertorriqueña de su presentación se inscribió por derecho natural dentro del conflicto creciente que vive los Estados Unidos entre la política anti-inmigratoria de Donald Trump y la nutrida corriente ciudadana que aboga por la tolerancia y la apertura del país.
Singularmente, el mundo del entretenimiento está volcado mayoritariamente en contra del controvertido mandatario; estrellas del deporte y connotados artistas de Hollywood comulgan diario en contra del actual presidente por sus excesos declarativos y su dura política en contra de los migrantes.
Es tal el clamor que se levanta en los Estados Unidos por las vejaciones y las deportaciones que sufren los inmigrantes que se ha vuelto costumbre manifestarse en oposición a las intervenciones del ICE (siglas en inglés de la Inmigration and Customs Enforcement) y cada vez más voces se levantan en contra de los denuestos que salen de la lengua furibunda del actual POTUS.
Y Bad Bunny, sin hablar en contra del viejo Donald, sin mencionar para nada al ICE se encaminó solamente a presentar la fuerza rítmica de su tierra natal, los beneficios culturales de la américa hispana, las gracias de sus bailes y la profundidad de sus cantos.
En 13 minutos que se volverán inmortales, el conejo malo ofreció desde su arte la respuesta más contundente de la raza latina en contra de la rabia incontenida de los güeros, que blande Donald Trump.
Y es que el amor es más fuerte que el odio.