
Austeridad
Por Sergio González Levet
Se muestra muy preocupada la presidenta Claudia Sheinbaum por los gastos superfluos e innecesarios que ocurren en el presupuesto público, y con tal situación, le dice al pueblo honesto y bueno, ha emprendido varias acciones para sustentar la anhelada austeridad en los gastos gubernamentales de todo tipo.
Por ejemplo, ha insistido mucho en que nadie que reciba un salario público gane más que ella y por eso se la pasa criticando a quienes siguen devengando los sueldos de antes, como los ministros de la SCJN, los que reciben pensiones doradas, los diputados y senadores, algunos gobernadores y alcaldes, los consejeros del INE y ciertos titulares de organismos descentralizados.
Es tal su afán, que todos queremos creerle a la primera dama que fue presidenta en México cuando desde su tribuna de la Mañanera del Pueblo se enoja, se acongoja y sufre por los derroches del dinero que los ciudadanos aportan a la nación con su esfuerzo y su sacrificio.
Que si los sueldos son muy altos, que si los partidos políticos reciben mucho dinero, que si las elecciones son muy caras, que si el PREP cuesta un ojo de la cara, que si hay que acabar con los lujos de la SCJN (que vienen desde la época del PRIAN, claro).
La doctora Sheinbaum no duerme, acongojada porque los impuestos no se aplican correctamente y no se aprovechan hasta el último centavo en el bienestar del pueblo, y son los que hacen que los pobres vivan un poco mejor.
En esa preocupación compartida, no faltan ciudadanos de buena fe que le recomiendan a la Presidenta que tome algunas otras medidas que serían muy buenas para quitarle presiones al erario y que permitirían que los dineros de la nación se ocuparan para seguir pagando las becas del Bienestar, los cheques a los ancianos, los famosos programas sociales que están sacando de la pobreza a millones de mexicanos, según publicita la Cuarta Transformación.
Hay sangrías que se pueden evitar, como la del costo de la operación del Tren Maya, que pierde 10 millones de pesos al día, 300 millones de pesos al mes, 3,650 millones de pesos al año.
El AIFA es otra sangría, que ha hecho perder al Gobierno 924 millones de esos pesos por los que llora tanto doña Claudia.
Y Mexicana de Aviación, una empresa que se le otorgó al Ejercito para que la administrara, pierde 3 y medio millones de pesos diarios.
He ahí unas verdaderas sangrías que nuestra primera mandataria podría rescatar, para que cuando menos su conciencia estuviera un poco más liberada.
Y falta el costo actual de la corrupción.
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