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ACERTIJOS | LOS PRECIOS DEL MANGO - Por prescripción médica, porque así dicen los doctores, hay que caminar diario, mínimo dos kilómetros. Eso hacía antes de caer a la operación, llegaba a cuatro y a veces me sentía superior a cualquiera y un mundo de…

Por prescripción médica, porque así dicen los doctores, hay que caminar diario, mínimo dos kilómetros. Eso hacía antes de caer a la operación, llegaba a cuatro y a veces me sentía superior a cualquiera y un mundo de estrellas te quise bajar, diría...

gilberto haaz

Tengo dos médicos, uno en la pierna izquierda y otro en la derecha.

Camelot.

LOS PRECIOS DEL MANGO

Por prescripción médica, porque así dicen los doctores, hay que caminar diario, mínimo dos kilómetros.

Eso hacía antes de caer a la operación, llegaba a cuatro y a veces me sentía superior a cualquiera y un mundo de estrellas te quise bajar, diría José Alfredo.

También me ocurre lo que dijo un día el Nobel José Saramago:

“Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio, que es bueno para mi salud. Pero nunca he oído a nadie decirle a un deportista: ¡Tienes que leer!”.

Los Premios Nobel son muy recurrentes, y a veces jocosos con sus frases.

Camilo José Cela escribió:

“Siempre quise ser torero, pero solo llegué al Nobel”.

Camino temprano las calles orizabeñas, frio de 11 grados pero el sol comienza a aparecer.

Los vientos fríos del Norte en Veracruz y otros que pegan en el país dan de lleno en esta tierra que tiene un volcán llamado Pico de Orizaba.

Salgo y espío el viejo edificio del Irbao, allí donde se sigue extrañando al amigo y maestro y profesor de música, Juan Pablo Villegas, a quien frecuentamos antes de su muerte, ya descansa en paz.

Padre del embajador de México ante la Federación de Rusia de Putin, Eduardo Villegas Megías, filósofo y escritor, orizabeño de nacimiento y gente de doña Beatriz Gutiérrez Müeller.

En el kilómetro y medio que dura mi caminar para llegar a mi oficina a escribir estas letras, llego a un puesto de frutas.

Veo los mangos, aunque no es temporada de mangos escojo tres, 90 pesotes, o sea 33 pesos cada mango.

Los pago y entro a la iglesia de San José, tomo una foto y echo una rezadita rápido y pido por los de uno.

Pasos adelante, una gente sin hogar extiende el brazo por unas monedas.

Le doy su dinero y, en silla de ruedas, como allí lo deja alguien a buscar el sustento en ayudas, me pregunta dónde compré los mangos, se ve que se le antojó, le dije que a la vuelta, pero entendí que para comprar uno necesitaba 33 pesos y regresé los dos pasos caminados y le regalé un mango manila.

Fue quizá una premonición, o una coincidencia, guardando sus debidas proporciones, porque al abrir mi Facebook encontré una foto donde el beatle Paul McCartney al escuchar a un músico urbano, de los sin hogar, que tocaba Hey Jude, Paul se regresó y la escuchó completa y le habrá dado unos dólares o euros.

ESOS CAMINARES

En los caminares logra uno ver lo que no se ve cuando se maneja.

Apareció la tienda Coopel de Poniente 7, junto al parque Bicentenario y enfrente el legendario edificio Romanchu, antiguamente edificio La Suiza.

Un lugar bello donde ahora lucen buenos comercios de restaurantes y próximamente quizá un hotel, que está listo para echarse a andar.

Al pie el edificio El Conejo, donde ahora se asienta el restaurante Mariee, de MaricruzZ, que lo modificaron de una antigua casa y tiene una terraza bella y muy funcional, que da al pie del rio donde, desde las alturas, se logra ver la vegetación y el agua fluyendo y corriendo rumbo a su destino, el Papaloapan en Rio Blanco.

Como diría Herman Hesse, el creador del libro El lobo estepario:

“El río me enseñó a escuchar; de él lo aprenderás tú también. Lo sabe todo este río; de él puede aprenderse todo. Mira, el agua también te ha enseñado que es bueno tender hacia abajo, hundirse, buscar las profundidades”.