
Ni ningún invierno dura para siempre ni ninguna primavera se salta su momento. Camelot.
LAS MAÑANAS FRIOLENTAS
Suelen las mañanas y los días fríos rememorar aquellos que uno se enfrentó al hielo, o a la nevada o la neblina londinense.
Asombrarse como aquella vez que en una tarde, su padre llevó a conocer el hielo a Aureliano Buendía, según relato de García Márquez en Cien años de soledad.
Libro señero.
Una vez en un enero, presente lo tengo yo, volamos a Madrid, chulona mía, la época que hacia un frio del carajo, prometí no volver a hacerlo.
Nueva York es impresionante en postales cuando les caen las grandes nevadas, pero si estás allí te apanicas y esos días no sales del hotel y, si sales, te tapas con zarapes y cobijas y lo que alcances a llevar a calle neoyorkina.
Anécdotas recuerdo algunas, estando en Buenos Aires, con mi hermano Enrique decidimos volar a conocer el glaciar Perito Moreno, una maravilla del mundo y de la zona de hielos, digo, yo que vengo de pueblo caluroso, Tierra Blanca, donde un día hicimos una prueba y estando el termómetro a 50 grados, estrellamos un huevo en el capacete del auto y se frió, no quedó como los huevos rotos de Casa Lucio, pero se veía impresionante en el cofre.
No es un vuelo corto de Buenos Aires a Ushuaia, 3 horas 40 minutos.
Cuando llegas aquel pueblecito lo ves como de relato disneylandio, casas pequeñas, solamente te imaginas que salgan cantando los enanos de Blanca Nieves.
Está en el fin del mundo, como dijo el Papa Francisco cuando llegó al Vaticano para ser Papa:
“Me trajeron del fin del mundo, Oren por mí”.
Si caminas un poco adelante te caes.
Ahí termina el mundo.
En Calafate.
PUEBLO MAGICO USHUAIA
Es el pueblo que se utiliza para pernoctar dos noches, la que llegas para el otro día tomar la tour que te lleva a los glaciares, y la de regreso, para tomar el vuelo.
En las noches sales a comer un cordero patagónico al asador, como en ningún otro lado.
Frio de los buenos en no sé porque llamada Tierra del Fuego.
Por la mañana la guía en una camioneta de 12 pasajeros nos conducen al Glaciar Perito Moreno, cuyo apellido obedece al hombre que con su peritaje le dio a Argentina situarlo en su territorio, lo peleaban con Chile.
Hay mucho que puede contarse de ese viaje, lo que más recuerdo era el imponente hielo cuando va cayendo y se desprende por toneladas y aquello suena como si una bomba cayera.
La guía, una rubita linda y jovencita, nos dijo, cuando tomábamos las curvas rumbo al Glaciar, que la siguiente curva se llama La curva de los suspiros.
Y pronto lo descubrimos.
Cuando el chofer dobló la curva apareció imponente el Glaciar casi en nuestras narices y se escuchó un ‘uhhhh’ que lo tradujeron en suspiros.
De allí su nombre.
Hay muchas cosas que contar de los sitios de frio, otro día les narro cómo me agarró una Nevada en Canadá y otra en Salt Lake City, tierra de los mormones.
Historia para otro día.
Cuando vuelva pegar otro frío como el de fin de semana, que nos hizo encobijarnos y ver Netflix en series una tras otra.
Y ahí viene el domingo de Super Bowl.
Ya compré mis aguacates en el Mercado Melchor Ocampo.