
“Respecto a los perros, nadie que no haya convivido con ellos conocerá nunca, a fondo, hasta dónde llegan las palabras generosidad, compañía y lealtad”.
(Arturo Pérez-Reverte)
LA PERRITA QUE SE FUE
La historia la conté varias veces.
Escrita un febrero de 2023.
Dos perras, madre e hija, vivían en la calle, cerca de un contenedor de basura, donde allí se alimentaban con lo que podían y con algo que la gente les llevaba.
Mi hija Ximena, que ama a los perros, una mañana las recogió y caminaron hacia la perrera municipal de Orizaba, donde los atienden bien, más que bien.
Este relator de cosas andaba de viaje cuando, al regresar, me encontré con la novedad que tenía dos nuevas inquilinas.
Mi hija fue por ellas a la perrera y las llevó a casa, donde tengo dos perreras vacías.
Tenían un severo problema, la madre era ciega y nadie la quería adoptar, a la otra, la hija Bianca, a esa sí, y para no separarlas y sacrificar a la ciega, con su buen corazón mi hija las llevó a su nuevo hogar.
La ciega se adaptó al instante, con el olfato y con la intuición de los ciegos sabía cómo entrar a su perrera y como salir a comer y como pasear por un espacio de jardín.
Hasta que hace un mes, después de unos 5 años de allí vivir, se enfermó de gravedad.
El veterinario dijo que había que inyectarla y dormirla para siempre, porque estaba sufriendo mucho.
Le dije que aguantara, que le haríamos la lucha hasta el último suspiro.
La medicamos y le daba a diario su pastilla para el dolor.
Los perros no pueden hablar, pero si hablaran nos dirían me duele aquí o por acá.
Son fieles y con la mirada siempre se comunican contigo, no solo moviendo la colita cuando les da alegría recibirte.
No sé qué edad tendría, porque a los perros lo valoran en años por algo aritmético.
El Google dice que un cachorro envejece 15 veces más que un humano.
Y también, cuenta la leyenda de los Náhuatl y los Mayas, que el perro, al morir el dueño, te transporta al otro lado del cielo como guía de los espíritus de los muertos, a mi debe llevarme, cuando eso ocurra, al Valhalla, al salón de los caídos, porque debo tener alma de vikingo, eso creo.
Era callejera por derecho propio, según la canción de Alberto Cortés, pero vivió bien los últimos años de su vida y ha dejado de sufrir, ya se quejaba mucho.
Hacia el cielo y una mejor vida, la gran ciega.
Bien lo dijo un poeta:
“¿Crees que los perros irán al cielo?
¡Estarán ahí mucho antes que cualquiera de nosotros!”.
LAS LLAMADAS MAÑANERAS
Donald Trump tomó el teléfono y le dijo al ujier que contestaba el fon en Palacio Nacional de Sheinbaum, como el humorista español Gila, habrá dicho:
Qué se ponga. Y se puso.
Cuando Sheinbaum llegó a la mañanera su semblante era otro, lucía contenta, con satisfacción cumplida, sucede que ella y el emperador Trump hablaron por 40 minutos y la presidenta con A señaló que fue una plática amistosa, nada de regaños ni amenazas.
Nada de gracias por no enviar petróleo a Cuba, me imagino una plática de parabienes y elogios mutuos.
Usted es un gran presidente, míster, tuvo que haberle dicho.
Me enorgullece tratarla, México tiene un líder maravilloso, anunció Trump.
Elogios chabacanos.
Miel sobre hojuelas.
Lo cierto es que Donald y Marco Rubio han jurado por la virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, que antes que termine su mandato pisarían tierra cubana en la libertad.
Ta güeno.