
gilberto haazhaazgilberto@hotmail.com
Usted;Cronica 1;cronicatbca;CRONICATB;Cronica 2;Express3
Hay un tiempo designado para todo, y un tiempo para cada cosa bajo el cielo.
Un tiempo para nacer y un tiempo para morir.
EN LA MISA DE CENIZAS PRESENTE
Cinco de la tarde de un viernes de duelo.
Había que asistir a la iglesia del Carmen a despedir al amigo, Octavio Rodríguez Pasquel Bravo, en su Misa de Cenizas presente, como le llaman ahora cuando uno es incinerado.
Era la despedida y el responso a un querido amigo.
Sus cenizas y una foto de cuando era joven, presidian el evento fúnebre.
Oficiaría el padre Helkyn Enríquez Báez, amigo personal y la música de otro amigo, Armando López Macip.
Cuenta Macip que Tavo mismo le había escogido qué música tocar, quería a Tchaikovski.
Todas las misas de difuntos son tristes, uno en lo que el padre oficia, vaga con sus recuerdos y su memoria con ese amigo que se despide.
Yo perdí a mi mejor asesor en deportes, música, cine y relatos.
Su familia, a quien les vivió 95 años, lleno de plenitud y buena calidad de vida, deteriorado en sus últimos días tomó la decisión de ya no luchar más y fue al encuentro de Dios, en calma, paz y resignación, después de haber platicado con el padre, que comentó algunas cosas de esa plática.
Parte de su numerosa familia allí estaban, Alicia, su esposa, y sus hijos, nueras, a quienes quería como hijas, nietos y bisnietos y los amigos, que llenamos esa iglesia para despedir al patriarca de la familia Rodríguez Leyva.
Misa de primera, con las anécdotas contadas.
Tocó al hijo mayor, Octavio, despedir al padre con emotivas palabras.
Al hablar del padre, en sus minutos finales se le quebró la voz y el llanto llegó.
Todos ellos estuvieron a su lado, arropándolo, platicando con él las veces que estaba en condiciones de platicar.
Bien consolado por la familia, emprendió el último viaje en la tierra y se fue en paz, según contaron ellos mismos.
Es muy cierto aquello de los hijos:
“Cuando te casas y tienes hijos, de niños no te dejan dormir, de jóvenes no te dejan vivir y de adultos no te dejan morir”.
Bien lo escribió Leila Guerreiro:
“Todavía me duele la muerte de algunos a quienes nunca di señales de que su muerte iba a dolerme. Los extraño vivos”.
Descansa en paz, querido Tavo.
LA CHAMARRA DE GEORGETOWN
Alguna vez de hace tiempo, mi hermano Enrique, el amigo que no es rico (José Luis) y Yo Mero, caminábamos una tarde de Washington, cuando apenas comenzaba a pegar el frio, nos fuimos como pregoneros buscando el camino de JFK como estudiante de la Universidad de Georgetown, un tiempo que allí vivió.
Wikipedia:
“John F. Kennedy (JFK) y su esposa Jackie vivieron en Georgetown, Washington D.C., en varias casas, siendo la más famosa la de 3307 N Street NW, su hogar desde 1957 hasta su presidencia, donde nacieron sus hijos Caroline y John Jr., y desde donde se lanzó su campaña y se fue a la investidura, siendo un lugar clave en su historia.
Georgetown también fue donde JFK fue congresista, se casó, y donde Jackie vivió tras su asesinato, convirtiéndose en un punto icónico de su legado”.
En esas andábamos como cuenqueños buscando a Dios, cuando el frio nos hizo entrar a una de sus perronas tiendas.
Entonces escogí una chamarra, gruesa y, cuando llegué a mi pueblo orizabeño, pensé que aquí no me serviría, porque era para frio duro.
Equivocado estaba, hoy la uso con regularidad y cada que me la pongo me acuerdo de Georgetown, donde la compré.