
gilberto haaz
Y cuando despertaron, llegaron los Reyes.
Camelot.
EDUARDO GALEANO (DÍA DE REYES)
“Por eso cada cinco de enero, /cada enero ponía /mi calzado cabrero / a la ventana fría.
/ […] Me vistió la pobreza, / me lamió el cuerpo el río / y del pie a la cabeza /pasto fui del rocío.
[…] Y al andar la alborada/ removiendo las huertas, /mis albarcas sin nada, / mis albarcas desiertas”.
Estos versos pertenecen al poema Las albarcas desiertas del poeta Miguel Hernández, dedicado a la festividad de la Epifanía, seis de enero.
Imagino a ese niño ilusionado que pone su calzado en la ventana, espera que la magia de los Reyes Magos le traiga un regalo.
Ese regalo que le haga brotar una hermosa sonrisa.
Pero la pobreza es un muro que le golpea fieramente, y le hace sentir la cruel realidad.
Hay razones de corazón para escribir una carta a los Reyes Magos.
La primera es la magia, para mantener vivo el auténtico espíritu que trasmite la Navidad: ese renacer, el mensaje universal de manifestación de amor.
Esto último, tristemente, se confunde con colmar de regalos a los niños; perdidos ellos en la vorágine propagandística.
Cuando el mejor regalo que los niños agradecen es el tiempo que les dedican, también hacerles sentir lo importante que son ellos para sus padres.
Por otra parte, es necesario que los padres enseñen a los hijos el valor de las cosas y el esfuerzo con que se consiguen.
LOS CENTROS HISTÓRICOS
Hace poco, cuando anduve y andé por Santiago de Chile, encontré en mí caminar mañanero una propuesta interesante.
Arriba de un taxi, con el radio encendido, un locutor anunciaba una oferta de la presidenta Bachelet, donde invocaba a propios y extraños a irse a vivir al centro histórico de Santiago.
Había algo de premio, el gobierno les subsidiaba no sé cuantos pesos chilenos mensuales, con tal de que poblaran el abandonado centro histórico, donde nadie quiere vivir.
Los centros de las ciudades importantes tienden a deteriorarse, a vivir en el olvido y abandono, a desobligadamente alejarse de ellos con todo y que conservan la esencia y la historia de las ciudades que se vieron nacer y crecer.
OTRAS CIUDADES
Ocurre en la capital mexicana, donde hay un gran esfuerzo por alejar a los ambulantes, ubicarlos en espacios dignos y levantar la majestuosidad de ello.
En Estados Unidos es lo mismo, aunque sus centros históricos tienen casi nada de historia.
En las ciudades fronterizas, Mac Allen, Bronwsville, Harlingen y demás, hace un buen que fueron abandonados y solo merodea uno que otro local comercial, mas solos que Nemi, ahora que anda desempleado, pues todos se fueron a las plazas comerciales, a sus llamados Mall, en las afueras de las ciudades, donde levantaron complejos habitacionales.
Igual se ve Miami y otras de la debida importancia.