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ACERTIJOS | ¿A CUAL DÍAZ TRAER? - De vez en cuando, alguien se acuerda de Porfirio Díaz. Una nota perdida por allí pedía se repatriaran sus restos a México. Orizaba es de los pocos lugares donde se fijó una estatua, aún se conserva al...

De vez en cuando, alguien se acuerda de Porfirio Díaz. Una nota perdida por allí pedía se repatriaran sus restos a México. Orizaba es de los pocos lugares donde se fijó una estatua, aún se conserva al general en el parque Bicentenario, a los 110 años de...

gilberto haaz

*De Camilo José Cela: “La muerte es una amarga pirueta de la que no guardan recuerdos los muertos, sino los vivos”.

“La muerte es una amarga pirueta de la que no guardan recuerdos los muertos, sino los vivos”.

Camelot.

¿A CUAL DÍAZ TRAER?

De vez en cuando, alguien se acuerda de Porfirio Díaz.

Una nota perdida por allí pedía se repatriaran sus restos a México.

Orizaba es de los pocos lugares donde se fijó una estatua, aún se conserva al general en el parque Bicentenario, a los 110 años de la muerte de Porfirio Díaz, hay que repatriar sus restos.

Fue una pena que con Calderón o Peña o Fox no lo hubieran intentado, ahora es imposible con este gobierno.

¿Cuál Díaz traer a casa?, preguntan algunos escritores, el Díaz de las grandes obras, o el de la dictadura y crímenes.

Sepultado en el cementerio Montparnasse de París, mexicanos deambulan por allí, leo a Pedro Ángel Palou, escritor orizabeño, creador de la columna ‘Ni perdón ni olvido’ y escritor del libro ‘Pobre patria mía’, la novela de Porfirio Díaz.

Va lo de Palou:

EL DE PALOU

“A Díaz, me queda claro, no sólo parecemos haberlo perdonado sino que lo llevamos en un escondido escapulario.

Las razones son curiosas: él pacificó al país -domó al tigre, en sus palabras-, el modernizó al bárbaro, nos dotó de infraestructura, cientos de calles, hospitales, escuelas, ferrocarriles.

Era un adorador de la modernidad, nos la trajo.

¿Es que nos fascina el autoritarismo, la mano dura?

Porque quienes así hablan olvidan el exterminio Yaqui, la inmensa pobreza, la injusta Hacienda que perpetuaba la encomienda colonial, las élites criollas y el viraje del liberal hacia la Iglesia del brazo de Carmelita Romero Rubio.

Hay que cuidar el revisionismo, protegernos del olvido porque podemos perpetuar las taras que rigen nuestro sistema político.

Muchas de las razones esgrimidas para perdonar a Díaz se deben a su talento político, es cierto, y a que le tocó en suerte ejercer el poder en los últimos veinte años del siglo XIX en coincidencia con la más grande expansión del capitalismo mundial.

Supo ver que la modernidad ayudaría a su país, pero no supo calcular el impacto en la brecha entre ricos y pobres y perpetuó el crecimiento de las élites y el olvido de todos los otros, como ocurría en toda América Latina en ese momento.

¿Traer sus restos como quieren muchos para finalmente perdonarlo políticamente y que ingrese al Panteón Mexicano?

No le veo sentido.

En el Monumento a la Revolución descansan los restos de enemigos casados que se hicieron la guerra durante once años y que sólo la mitologización de nuestra historia nos permite ver como una familia.

Disfuncional, pero familia.

¿O si no cómo explicar que en letras de oro en la Cámara de Diputados estén juntos Carranza, Villa y Zapata?

Agregar el nombre de Díaz o lo que quede de sus maltrechos huesos sólo agregaría confusión a una historia mal contada, peor revisada y siempre oficializada al mejor postor”.