*El pragmatismo de la nueva doctrina de seguridad de EU redefine la relación con la izquierda en AL.
México, Venezuela, Colombia y Brasil ajustan sus agendas ante la presión de Trump
BOGOTÁ (Agencias).- Un rasgo central de la nueva doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos bajo Donald Trump es el pragmatismo.
Para el mandatario estadunidense la ideología es un asunto secundario cuando se trata de lograr sus objetivos económicos y geopolíticos.

Y si bien suele intervenir en asuntos internos de otros países, para favorecer a políticos de ultraderecha -como lo hizo en Argentina, Brasil y Honduras-, también ha demostrado que puede trabajar con gobiernos de izquierda, siempre y cuando estos se sometan a su voluntad.
En Venezuela EU tiene al régimen chavista encabezado por Delcy Rodríguez siguiendo al pie de la letra sus dictados.
En Colombia el presidente Gustavo Petro abandonó su tono confrontacional y antiimperialista con Trump y hoy acepta operativos conjuntos con tropas del Pentágono, para combatir a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y a otros grupos que Washington considera “narcoterroristas”.
Y en México, la presidenta izquierdista Claudia Sheinbaum acepta la presencia en territorio mexicano de militares estadunidenses, aviones de guerra del Pentágono y agentes de la DEA y FBI que han participado en capturas y en operativos de interdicción de drogas en territorio mexicano.
Esa colaboración de la izquierda latinoamericana con Washington era impensable en el orden de la Guerra Fría, cuando la disputa entre Estados Unidos y la Unión Soviética no sólo era geopolítica, sino también ideológica.
Pero en la segunda administración Trump, gobiernos de la región que se autodefinen de izquierda pasaron en cuestión de meses de las aguerridas consignas antiimperialistas a una relación de colaboración total con Washington y con las agencias más detestadas por los antiimperialistas del mundo: la CIA y la DEA.
“Trump puso a los gobiernos latinoamericanos de izquierda a administrar la intervención, desde Venezuela hasta México, pasando por Brasil”...
Dice la especialista en geopolítica hemisférica, Estefanía Ciro.
De acuerdo con la doctora en sociología de la UNAM, en la nueva política de seguridad de Trump...
“O te alineas, o te alineas, y ahí no importa si eres de derecha, de izquierda o lo que sea, mientras te alinees”.
Y esto es especialmente claro en América Latina, una región que el mandatario republicano considera su “espacio vital”.
Claudicación
El internacionalista mexicano Octavio González Segovia dice que observa una región débil y dividida en la que los principales presidentes “no logran pintar líneas rojas ante Trump, sino todo lo contrario: claudican ante él”.
En el grupo de los que “claudican”, el académico incluye al régimen chavista venezolano que encabeza Delcy Rodríguez, y a los presidentes Petro, Lula y Claudia Sheinbaum.
La politóloga brasileña Ana Tereza Duarte dice que, aunque los gobiernos izquierdistas de América Latina ejecutan elementos de la agenda de Trump, “los grados de autonomía y las motivaciones varían significativamente”, por lo que no se puede hablar de una “capitulación uniforme”, sino de “una adaptación diferenciada ante el poder asimétrico desplegado por Washington en la región”.
El mejor ejemplo sobre cómo el presidente estadunidense ha doblegado a la izquierda latinoamericana mediante la intimidación y el uso de la fuerza militar es el chavismo.
Y es que, en las últimas semanas, Trump ha demostrado que tenía algo de razón cuando dijo el 3 de enero último, luego de atacar Venezuela, que él gobernará ese país.
Lo que a primera vista pareció una ligereza más del gobernante republicano, muy pronto se confirmó en los hechos.
A la vista de todo el mundo, el nuevo régimen chavista, que encabeza Delcy Rodríguez, está siguiendo al pie de la letra el guion que le dictan desde Washington.
La Presidenta encargada opera con eficacia el plan de Trump para que las petroleras estadunidenses exploten las enormes reservas de crudo de su país.
La Asamblea Nacional, que controla su hermano Jorge Rodríguez, ya aprobó una reforma de ley para que esas compañías puedan explotar y comerciar el crudo, lo que sólo estaba permitido a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).
