MINNEAPOLIS. (Agencias).- Alberto Castañeda Mondragón cuenta que su memoria estaba tan afectada después de una golpiza a manos de agentes de inmigración que en un primer momento no podía recordar que tenía una hija y aún lucha por recuperar momentos entrañables como la noche en que le enseñó a bailar.
Pero la violencia que sufrió el mes pasado en Minnesota mientras estaba detenido está grabada en su maltrecho cerebro.

Recuerda a los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) sacándolo del auto de un amigo el 8 de enero frente a un centro comercial en St. Paul, tirándolo al piso y esposándolo, y luego golpeándolo y dándole en la cabeza con una porra de acero.
Recuerda que lo arrastraron a una camioneta y lo llevaron a un centro de detención, donde, según su relato, lo volvieron a golpear.
También recuerda la sala de emergencias y el intenso dolor de las ocho fracturas de cráneo y cinco hemorragias cerebrales que pusieron en peligro su vida.
“Comenzaron a golpearme de inmediato cuando me arrestaron”...
Contó el migrante mexicano que recientemente reportó cómo su caso contribuyó a la creciente tensión entre los agentes federales de inmigración y un hospital de Minneapolis.
