En su primer test con Cadillac, Sergio Pérez confirmó que no se olvidó de manejar.
Hace dos meses, el tapatío se puso al frente del SF-23 en Imola, Italia, como parte del programa de trabajo del equipo estadounidense.
No se buscaba velocidad y aún así hubo un reencuentro con la versión que siempre estuvo ahí pero que le faltaban herramientas para dar más del cien por ciento.
“Me di cuenta cuando manejé ahorita el Ferrari, me sorprendí, en tres runs ya estaba en los tiempos, porque es un coche mucho más natural de manejar, entonces me di cuenta que sí era el coche, y que voy a ser muy competitivo, y que no he dejado de ser tan bueno como era.
Seguro como piloto voy a ser muy bueno, pero también en la forma que voy a empujar al equipo he aprendido muchísimo en los últimos años”, dijo Pérez al podcast Cracks.
La última temporada que pasó con Red Bull, en 2024, al mexicano se le criticó porque su rendimiento no era constante, pues en algunas carreras peleaba por el podio y en otras por entrar a la zona de puntos.
El origen de esa inestabilidad estaba en el monoplaza, como tantas veces explicó Checo.
De nada le servía sentirse cómodo en el inicio, porque, conforme avanzaba la campaña se incluían varias actualizaciones y era empezar de cero otra vez.
“En el 2022, cuando el coche, por error, salió muy pesado, teníamos un coche muy pesado que tenía la distribución de peso mucho para adelante, entonces era más estable, siempre lo que yo buscaba.
En ese momento, yo me acuerdo que desde el simulador era más rápido que Max, ya llegaba a los fines de semana pensando en ganar la carrera, y todo llegaba en automático.
Ya cuando llegan las mejoras, hay una dirección muy clara en la que se tiene que ir el equipo, y ahí es cuando yo empiezo a tener problemas, porque no sé qué me va a hacer en la curva, ya estoy pensando en no chocar, empiezan los choques, empiezan los accidentes, no tienes el control al 100 por ciento”, explicó el conductor nacional.